Quintana y el tramadol: la polémica del Tour 2022
EL TOUR QUE SE ROMPIÓ EN AGOSTO Hay polémicas que estallan en plena subida a Hautacam y otras que revientan cuando el podio ya está desmontado, los autobuses...
EL TOUR QUE SE ROMPIÓ CUANDO YA ERA PASADO
El Tour de Francia tiene la mala costumbre de no terminar siempre en los Campos Elíseos. A veces sigue unos días más en los hoteles, en los coches de equipo, en los laboratorios, en los despachos donde se abren sobres y correos que ya no huelen a linimento sino a reglamento. La historia de Nairo Quintana y el tramadol en 2022 es exactamente eso: un Tour que se acabó en julio para el público y en noviembre para la justicia deportiva. Y ahí está buena parte de la incomodidad del caso. No fue una caída televisada, no fue un desfallecimiento de esos que convierten a un campeón en un hombre común. Fue algo más propio de esta época: una carrera reinterpretada por un sistema médico-jurídico que quiso meter bisturí en una de las costumbres más oscuras y más arraigadas del ciclismo, la de anestesiar el dolor para seguir pedaleando.
Cuando la UCI anunció el 17 de agosto de 2022 que Quintana había sido sancionado por presencia de tramadol en dos muestras de sangre seca recogidas el 8 y el 13 de julio durante el Tour, el comunicado parecía escrito con la frialdad con la que se lee una placa de radiografía. Dos fechas, una sustancia, dos metabolitos principales, una descalificación del Tour de Francia 2022. Nada de grandilocuencia. Nada de moralejas. Y, sin embargo, allí estaba la dinamita: el colombiano que había terminado sexto en la carrera desaparecía de la clasificación casi un mes después. La UCI añadió dos claves que marcaron toda la discusión pública. La primera: se trataba de una infracción del reglamento médico. La segunda: no constituía una violación de las reglas antidopaje, de modo que, al ser primera infracción, Quintana no quedaba inhabilitado para competir. Ese doble mensaje, castigo duro pero etiqueta distinta, fue el corazón del embrollo. https://www.uci.org/pressrelease/uci-statement-concerning-nairo-quintana-rojas/7DIAQXAGCJPfb3Axi6BW3W
LA VIEJA CULTURA DEL DOLOR
Para entender por qué el tramadol acabó en el centro de un terremoto hay que recordar qué clase de deporte es el ciclismo. Durante décadas, el corredor bueno fue el que sabía sufrir, el que convertía el dolor en parte del oficio y al médico del equipo en una figura tan decisiva como el director. El tramadol encajaba demasiado bien en ese paisaje. Es un analgésico opioide sintético, prescrito para dolores moderados o moderadamente severos. La UCI lo explicó con un lenguaje clínico que, leído en clave de carrera, da bastante miedo: mareo, somnolencia, náuseas, pérdida de concentración y riesgo de dependencia. En un ciclista lanzado a ochenta por hora en un descenso, perder concentración no es un efecto secundario menor; es una amenaza para sí mismo y para el grupo entero. https://www.uci.org/pressrelease/tramadol-ban-all-you-need-to-know/74DtzJjWw8w8CeZqpNsRwP https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
La UCI llevaba tiempo mirando ese problema. Su FAQ histórica sobre la prohibición del tramadol, publicada con motivo de la entrada en vigor del veto el 1 de marzo de 2019, recogía cifras que explican por qué el ciclismo estaba en el centro del asunto: en el programa de seguimiento de la AMA, el 4,4% de los controles en competición de ciclistas revelaban uso de tramadol, y el 68% de las muestras urinarias que contenían la sustancia en 35 deportes olímpicos procedían del ciclismo. Traducido del lenguaje burocrático al lenguaje del bar: el ciclismo era el gran escaparate del tramadol. La UCI decidió entonces prohibirlo en competición no porque lo considerase una palanca directa para ganar más vatios, sino porque entendía que empujaba a los corredores hacia una zona de riesgo físico y dependencia química. https://www.uci.org/pressrelease/tramadol-ban-all-you-need-to-know/74DtzJjWw8w8CeZqpNsRwP
Aquí aparece la primera definición clave del caso. En 2022, el tramadol estaba prohibido por la UCI en competición, pero todavía no formaba parte de la lista de prohibidos de la AMA como sustancia sancionable por dopaje. Esa disonancia creó una tierra de nadie legal: no era libre, pero tampoco equivalía al imaginario más clásico del positivo. En enero de 2024 la situación cambió, porque la propia UCI recordó que el programa específico de tramadol terminaba el 31 de diciembre de 2023 al entrar en vigor la prohibición de la AMA desde el 1 de enero de 2024. Hasta entonces, sin embargo, el ciclismo había creado su propia valla sanitaria. https://www.uci.org/pressrelease/new-high-temperature-protocol-among-measures-to-protect-riders-health-in/1OcEbsFjUxyajLQl8sblol
NAIRO, EL HIJO LATINO DE LA CASA NAVARRA
Nairo Quintana ya no corría en Movistar cuando estalló el caso. En 2022 vestía el maillot de Arkéa-Samsic. Pero esa precisión, siendo real, no basta para medir el eco de la historia. Nairo había quedado soldado a la biografía de Abarca Sports, la gran estructura navarra del ciclismo español. Y Abarca Sports no es cualquier estructura. La propia organización recuerda en su presentación oficial que sólo ha tenido cinco patrocinadores principales en más de cuatro décadas: Reynolds entre 1980 y 1989, Banesto de 1990 a 2003, Illes Balears en 2004 y 2005, Caisse d’Épargne entre 2006 y 2010 y Telefónica desde 2011. Una línea larguísima, rarísima en un deporte de quiebras, cambios de nombre y patrocinadores fugaces. Una dinastía, en realidad. https://movistarteam.com/en/about-us
Esa dinastía enseñó al ciclismo español a leer la montaña de varias maneras. Primero con el hierro de Reynolds, luego con la solemnidad bancaria de Banesto, con Indurain convirtiendo el Tour en una costumbre nacional. Más tarde con la transición hacia Illes Balears y Caisse d’Épargne, y finalmente con la era Movistar, ya plenamente global, televisiva, latinoamericana. En esa última fase apareció Quintana como una revelación. Su perfil oficial en Movistar resume la magnitud deportiva: años en el equipo entre 2012 y 2019, victoria en el Giro de Italia 2014, victoria en la Vuelta a España 2016, etapas, vueltas de una semana, podios en el Tour y una condición de símbolo del deporte latinoamericano. No era sólo un buen corredor de la casa; era uno de los grandes rostros de la casa. https://movistarteam.com/equipo/integrante/nairo-quintana
Por eso el caso del tramadol tuvo un eco emocional que iba mucho más allá de Arkéa. A Nairo se le siguió leyendo como una criatura del ecosistema navarro, como si en él todavía resonaran Reynolds, Banesto, Caisse y Movistar. Cuando regresó a la estructura en 2024, el propio equipo lo vendió en esos términos: «vuelve a casa», «un símbolo de su historia reciente», un corredor que había pasado «un año difícil» y que regresaba tras «casi un año sin ponerse un dorsal competitivo». En esa frase de retorno se coló toda la sombra del episodio de 2022. No hacía falta explicarlo demasiado; bastaba con oír el tono. https://movistarteam.com/2023-10-28/nairo-quintana-regreso
EL EXPEDIENTE: DOS MUESTRAS Y UNA PALABRA INCÓMODA
Los hechos duros, los que caben en un expediente, son bastante menos poéticos. El laudo del TAS detalla que el Tour de Francia 2022 se disputó del 1 al 24 de julio y que Quintana lo terminó en sexto lugar. Inmediatamente después de las etapas 7 y 11, el 8 y el 13 de julio, el corredor pasó controles conforme al reglamento médico de la UCI. Aportó dos muestras de sangre seca, identificadas como 101177 y 101050. El procedimiento estaba en manos de la International Testing Agency, pero eso no convertía el caso en uno antidopaje: ese fue uno de los nudos del litigio y una de las conclusiones posteriores del panel arbitral. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
Las muestras fueron analizadas en el Laboratorio de Farmacología Clínica y Toxicología de la Universidad de Ginebra y después revisadas por REDS, el Centre of Research and Expertise in Anti-Doping Sciences de la Universidad de Lausana. Los informes de revisión del 16 de agosto de 2022 concluyeron que ambas muestras contenían tramadol y sus dos principales metabolitos. El laudo pone cifras. En la muestra del 8 de julio se estimaron 15,3 ng/mL de tramadol y 9,2 ng/mL de O-desmetiltramadol; en la del 13 de julio, 17,4 ng/mL de tramadol y 10,0 ng/mL de O-desmetiltramadol. El N-desmetiltramadol aparecía por encima del límite de detección, aunque por debajo del de cuantificación. Los expertos estimaron una ingesta de tramadol entre 12 y 48 horas antes de cada toma de muestra. Esa ventana temporal era decisiva porque confirmaba el uso en competición. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
El 17 de agosto de 2022, el director médico de la UCI notificó a Quintana que la mera presencia de tramadol y metabolitos en sus muestras bastaba para establecer una infracción del artículo 13.3.068(a) del reglamento médico. En el mismo acto llegó la sanción: descalificación de todos los resultados obtenidos en el Tour 2022, pérdida de medallas, puntos y premios, multa de 5.000 francos suizos por ser miembro de un equipo registrado en la UCI y reembolso de los costes del control. El laudo también deja un detalle relevante: al haberse comunicado ambos resultados a la vez, fueron tratados como una sola infracción. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
Ese punto aclara otra confusión habitual. No hubo una sanción progresiva por reincidencia, ni una suspensión larga. La arquitectura del programa era otra. La FAQ histórica de la UCI ya preveía para una primera infracción la descalificación de la prueba y una multa; para una segunda, cinco meses de suspensión; para una ulterior, nueve meses. Era una escala pensada para expulsar el tramadol de la competición a base de disuasión médica, no para encajarlo todavía en el gran aparato mundial del dopaje. https://www.uci.org/pressrelease/tramadol-ban-all-you-need-to-know/74DtzJjWw8w8CeZqpNsRwP
LA BATALLA DEL TAS: DONDE EL CASO CAMBIÓ DE IDIOMA
A partir de ahí, la historia dejó de hablar el idioma del ciclismo y empezó a hablar el del arbitraje. Quintana presentó su apelación el 26 de agosto de 2022. El TAS registró oficialmente el asunto el 1 de septiembre. La vista tuvo lugar el 12 de octubre. El 3 de noviembre llegó la decisión operativa: recurso desestimado. El laudo motivado quedó fechado el 5 de junio de 2023. Esa cronología importa porque muestra algo muy de este caso: el Tour fue en julio, la descalificación en agosto, el rechazo del recurso en noviembre y la explicación jurídica completa casi medio año después. https://www.tas-cas.org/en/e-filing/media-release-archive https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
La defensa de Quintana abrió varios frentes. Sostuvo que las reglas médicas de la UCI no podían servir para imponer una sanción de este calibre; que la UCI estaba invadiendo el terreno de la AMA; que el plazo de apelación de diez días era desfavorable; que no había claridad suficiente en la cadena de custodia; que la falta de muestra B lesionaba un derecho básico del deportista; que el laboratorio no estaba acreditado por la AMA; y que el corredor no había sido invitado a exponer su posición antes de la decisión del director médico. También intentó erosionar la solidez científica de los análisis mediante un experto toxicológico. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
El TAS respondió punto por punto y, en cierto modo, dibujó una doctrina. Dijo que las reglas médicas eran vinculantes porque forman parte de la normativa ciclista aceptada por el corredor al licenciarse. Dijo que una federación internacional tiene margen para proteger salud y seguridad de sus competidores y que prohibir tramadol por ese motivo no vulneraba las obligaciones de la UCI como firmante del Código Mundial Antidopaje. Dijo, además, que el hecho de que la ITA interviniera en los controles no transformaba el sistema en antidopaje y que la propia AMA había confirmado que esas reglas médicas no eran reglas antidopaje. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
El panel también abordó el punto más espinoso para la intuición del aficionado: la muestra B. Su conclusión fue tajante. Si el sistema es médico y no antidopaje, no existe obligación de prever muestra B. La ausencia de esa segunda muestra no invalida el control. Tampoco hacía falta, por la misma lógica, que el laboratorio fuera uno acreditado por la AMA. Y sobre el derecho a ser oído, el laudo razonó que la norma facultaba al director médico para invitar al corredor a exponer su posición, pero no le imponía hacerlo en todos los casos. Es una respuesta coherente dentro del edificio normativo del caso, aunque también explica por qué tanta gente sintió que el procedimiento quedaba en una zona fría, casi deshumanizada. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
En el terreno científico, el TAS aceptó la explicación de los expertos de la UCI sobre la presencia de los tres compuestos y la interpretación de los límites de detección y cuantificación. El panel escribió que estaba cómodamente satisfecho de que las muestras contenían tramadol y sus metabolitos y de que había existido una ingesta en las 12 a 48 horas previas a cada control. Con eso bastaba para confirmar la infracción. A partir de ahí, las sanciones también debían mantenerse porque estaban previstas con claridad en el reglamento médico. https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
LA GRAN ZONA GRIS: NO DOPAJE, PERO SÍ ESTIGMA
Aquí es donde la historia se vuelve más interesante y más triste. Porque el caso estaba jurídicamente bastante armado, pero narrativamente era un desastre. El ciclismo lleva un siglo educando al público en la idea de positivo igual a dopaje, dopaje igual a mancha, mancha igual a sospecha eterna. El expediente de Quintana rompía esa secuencia y al mismo tiempo la alimentaba. No era dopaje en el marco del caso. Sin embargo, implicaba una sustancia prohibida en competición. No había suspensión, pero sí había descalificación del Tour y multa. No se discutía una mejora de rendimiento en sentido estricto, pero sí una ayuda farmacológica para soportar el dolor. En términos de reputación, eso es casi peor que una etiqueta limpia: es una sombra difícil de explicar en una tertulia y aún más difícil de borrar en un titular.
El propio diseño del programa tenía pros y contras bastante visibles. El lado fuerte era evidente. La UCI podía atacar una costumbre peligrosa sin esperar a que la maquinaria global antidopaje terminara de moverse. Podía usar controles poco invasivos, sin umbral, centrados en la seguridad del corredor. Y los datos posteriores le dieron munición: en su actualización de 2024 aseguró que, tras casi 2.200 controles en meta, sólo se identificaron tres casos y que la prevalencia del tramadol había caído desde niveles de entre el 4% y el 6% antes de marzo de 2019 a una franja de entre el 0,2% y el 0,5% después. Como política de reducción de daño, el programa parece haber funcionado. https://www.uci.org/pressrelease/new-high-temperature-protocol-among-measures-to-protect-riders-health-in/1OcEbsFjUxyajLQl8sblol
El lado débil estaba en la percepción de garantías. Aunque el TAS validó el procedimiento, el relato popular encontró varias aristas: no hay muestra B, el laboratorio no es el circuito clásico de la AMA, el plazo de recurso es corto y el castigo público es enorme para un expediente que la propia UCI insiste en no llamar antidopaje. Dicho de otra manera: el ciclismo ganó una herramienta de salud, pero se expuso a una pedagogía muy difícil. Y Quintana quedó en medio, atrapado entre la legalidad médica del castigo y la semántica brutal del escándalo.
EL EFECTO QUINTANA Y EL REGRESO A CASA
Nairo siempre fue un corredor extraño en el mejor sentido de la palabra. No tenía la grandilocuencia verbal de otras estrellas, ni la maquinaria estética de los campeones fabricados en laboratorio mediático. Subía con esa mezcla de economía y violencia propia de los escaladores puros, y durante años fue el punto en que el ciclismo español y el latinoamericano se daban la mano. Por eso el episodio del tramadol tuvo algo de desencanto generacional. No tumbaba a un recién llegado; golpeaba a una figura que ya pertenecía al álbum sentimental de varios países.
Después del caso llegó una temporada de intemperie. El regreso oficial de Movistar en octubre de 2023 sirve como documento emocional de esa travesía: el equipo habló de un símbolo que volvía a casa tras un año difícil, y Quintana dejó una frase que resume bastante bien la resaca del asunto: «Estoy emocionado por volver a casa. Ha sido un año difícil». No hace falta mucho más. Ahí caben las noches sin dorsal, el prestigio discutido, la dificultad de explicarse en una materia donde la frontera entre dolor tratado y ventaja indebida se volvió demasiado fina para un ciclista acostumbrado a resolver la vida sobre la bici. https://movistarteam.com/2023-10-28/nairo-quintana-regreso
La vuelta a Movistar también cerró el círculo simbólico. El equipo que lo había convertido en referencia mundial le ofrecía otra vez refugio, como si la saga Abarca Sports quisiera recordarse a sí misma que su historia no se entiende sólo con victorias, sino también con la manera de recoger a sus heridos. Y eso encaja perfectamente con la biografía larga de la estructura navarra: una organización que ha sobrevivido a cambios de sponsor, a transformaciones del ciclismo y a varias épocas morales del deporte porque ha sido capaz de mantener algo parecido a una identidad. Quintana, incluso después del caso, seguía perteneciendo a esa identidad. https://movistarteam.com/en/about-us https://movistarteam.com/2023-10-28/nairo-quintana-regreso
POR QUÉ ESTA POLÉMICA IMPORTA TODAVÍA
Lo fácil sería archivar la historia en la carpeta de escándalos raros del ciclismo. Lo inteligente es leerla como un caso de transición. En 2022 el pelotón ya no estaba discutiendo sólo sobre EPO, transfusiones o pasaportes biológicos. También estaba discutiendo sobre qué hacer con los fármacos que no convierten al corredor en un motor mejor, pero sí en alguien más dispuesto a ignorar los avisos del cuerpo. Ahí el tramadol era un símbolo perfecto. No representaba el dopaje clásico; representaba la medicalización extrema del esfuerzo.
La lección institucional también es potente. La UCI se adelantó a la AMA, montó un sistema propio, lo defendió jurídicamente y acabó viendo cómo la AMA incorporaba la sustancia a su lista desde 2024. En enero de ese año, la federación presumió además de resultados: menos uso, pocos casos, programa cumplido. Mirado desde ahí, el caso Quintana no fue una anomalía sino una prueba de estrés para todo el mecanismo. El corredor famoso, el Tour de Francia, el recurso al TAS y la tormenta mediática sirvieron para comprobar si la norma resistía. Resistió. https://www.uci.org/pressrelease/new-high-temperature-protocol-among-measures-to-protect-riders-health-in/1OcEbsFjUxyajLQl8sblol https://jurisprudence.tas-cas.org/pdf/9113.pdf
CONCLUSIÓN
La polémica de Quintana y el tramadol en el Tour 2022 duele tanto porque junta dos historias distintas que se pisan entre sí. Una es la historia reglamentaria: dos controles, una sustancia prohibida en competición por razones médicas, una descalificación confirmada por el TAS, multa de 5.000 francos suizos y costes del control. Esa historia, sobre el papel, está bastante clara. La otra es la historia sentimental: la de un campeón colombiano que había encontrado grandeza en la gran dinastía Reynolds-Banesto-Caisse-Movistar y que terminó perdiendo un Tour no en una montaña ni en una crono, sino semanas después, cuando la carrera ya pertenecía a la memoria. Esa segunda historia no cabe entera en ningún laudo.
Al final, el caso enseña algo incómodo sobre el ciclismo moderno. Ya no basta con preguntar quién llegó antes a meta. También hay que preguntar con qué botiquín convivía el pelotón, qué riesgos decide tolerar una federación y dónde empieza la responsabilidad de proteger al corredor incluso contra su propia costumbre de sufrir. Nairo quedó atrapado justo en ese cambio de época. Y por eso su caso sigue contando algo más grande que su caso: cuenta cómo el ciclismo intentó dejar atrás una parte de sí mismo, la que confundía aguantar con anestesiarse, y lo hizo golpeando a uno de los nombres que mejor habían encarnado la épica de la montaña en los años de la casa Movistar.