La transición iBanesto: el equipo tras Indurain

Una estructura obligada a madurar de golpe

Cuando Miguel Indurain se retiró, Banesto no perdió solo a un corredor. Perdió el eje alrededor del cual había girado medio ciclismo español durante años. En equipos así, el campeón termina ocupando más espacio que el patrocinador, que el director y hasta que el propio estilo de carrera. Por eso la transición que desemboca en iBanesto.com tiene tanto interés histórico: no cuenta simplemente cómo cambió un nombre comercial en el maillot, sino cómo una organización aprendió a vivir después de haber sido una monarquía. Si se mira la genealogía completa de Abarca Sports, la secuencia tiene sentido de saga larga: Reynolds fue el tiempo fundacional, Banesto el de la hegemonía, iBanesto.com el de la reconversión, Caisse d’Epargne el de la apertura y Movistar el de la continuidad institucional. Pero el tramo realmente delicado es el que va de 1997 a 2002, porque ahí se puso a prueba si la estructura tenía algo más que nostalgia y prestigio heredado. https://movistarteam.com/historia/temporada-a-temporada

La historia oficial del equipo señala para 1997 que, tras la retirada de Indurain, “es hora de buscar nuevos retos” y que el grupo se nutre de su filial para producir corredores como Jiménez, Blanco, Sastre, Casero o Menchov. Esa frase, leída con calma, encierra el mecanismo profundo de la transición. No hubo una gran operación de maquillaje, sino una apuesta por la casa. El equipo sobrevivió porque tenía una cultura previa de formación y porque José Miguel Echávarri, Eusebio Unzué y José Luis Jaimerena no intentaron fabricar un clon de Indurain. Ese es un detalle crucial. El riesgo de cualquier posdinastía es enamorarse del fantasma y fichar o moldear corredores para que se parezcan al ausente. Banesto evitó en gran medida esa trampa: aceptó que el futuro iba a ser más fragmentado, más coral y menos vertical. https://movistarteam.com/historia/ano/1997-banesto

1997: el día después no fue un funeral

La temporada 1997 suele verse como un apéndice del gran ciclo anterior, pero en realidad es el primer capítulo de otra novela. El equipo consiguió 35 victorias, un salto enorme respecto al año previo, y lo hizo sin una figura que monopolizara el relato. Abraham Olano rozó el podio del Tour de Francia y ganó la contrarreloj final en Disneyland Paris; José María Jiménez conquistó una etapa en la Vuelta y empezó a perfilarse como el escalador que haría saltar las costuras del guion cada vez que la carretera se empinara; Ángel Casero ganó Castilla y León; Jeremy Hunt dio una productividad notable en carreras de menor foco; Santi Blanco y Manuel Beltrán fueron creciendo al calor de ese ecosistema. https://movistarteam.com/historia/ano/1997-banesto

Lo interesante no es solo la cifra de victorias, sino su distribución. Banesto dejó de concentrar prestigio en un solo sitio y empezó a dispersarlo. Eso tiene una ventaja clara: multiplica las oportunidades y amortigua los golpes. Si falla el líder del Tour, aún puedes ganar vueltas de una semana, etapas, clasificaciones secundarias y carreras de un día. También tiene una desventaja: el ciclismo de finales de los noventa seguía valorando el poder casi únicamente en función de julio. Un equipo podía estar rebosante de salud competitiva y, aun así, ser percibido como menor si no dictaba la ley en los Alpes o en los Pirineos del Tour. Banesto vivió exactamente esa paradoja. Por dentro estaba reconstruyéndose con inteligencia; por fuera, parte del público seguía mirando el hueco de Indurain.

Olano fue central en ese tránsito porque representaba la forma más seria y racional del relevo. No era un heredero sentimental, sino un corredor con rango propio, capaz de ganar contrarrelojes y de sostener generales. Chava Jiménez, en cambio, ofrecía el reverso emocional: un ciclista de talento febril, de montaña ardiente, con esa relación con la carretera que siempre parecía a medio camino entre el cálculo y el trance. Que ambos convivieran dentro de la misma estructura fue una fortuna narrativa y deportiva. Uno aportaba sistema; el otro, desorden fértil.

1998: la Vuelta de Olano y la confirmación de que el relevo era real

La temporada 1998 puso fin al estado de interinidad. Abraham Olano ganó la Vuelta a España; José María Jiménez terminó tercero, se llevó tres etapas y la montaña; y además Olano cerró el año con el título mundial contrarreloj. El equipo alcanzó 37 victorias, la cifra más alta de toda su historia hasta entonces. Ya no se podía hablar solo de reconstrucción. Banesto había recuperado la capacidad de ganar una grande y de hacerlo, además, con una plantilla que ofrecía perfiles complementarios. https://movistarteam.com/historia/ano/1998-banesto

Hay imágenes que explican una época mejor que cualquier balance. El triplete del equipo en el Mont Ventoux durante el Dauphiné de 1998, con Jiménez, Peña y De las Cuevas, es una de ellas. Otra es el podio final de la Vuelta con Olano como vencedor y Chava tercero. Es como si el equipo exhibiera a la vez las dos almas de su nuevo tiempo: la del orden y la de la llama. Olano era un campeón de líneas rectas, de umbral, de estrategia sostenida; Jiménez, un especialista en convertir una etapa en una historia que la gente recordara años después alrededor de una mesa. Entre los dos, Banesto construyó un nuevo pacto con la afición.

En términos de mecanismos deportivos, 1998 muestra cómo funcionaba ya la estructura. Había líderes para las generales, montaña explosiva para desordenar carreras, profundidad suficiente para dominar clasificaciones por equipos o encadenar triunfos parciales, y un grupo directivo que todavía conservaba la autoridad táctica del viejo Banesto. El pros del modelo era evidente: variedad, polivalencia, resiliencia. El contra también asomaba: costaba convertir esa riqueza en una dominación incontestable del Tour, que seguía siendo la medida suprema del poder ciclista.

1999: Zülle devuelve París al mapa y Chava firma el acta de nacimiento del Angliru

El año 1999 fue menos exuberante en número, con 18 victorias, pero no por eso menos trascendente. Alex Zülle terminó segundo en el Tour de Francia y el equipo ganó por segunda vez la clasificación por equipos. Era la señal de que Banesto seguía teniendo tamaño para aparecer en las páginas mayores de julio. Volver al podio del Tour, aunque fuera sin el aura casi litúrgica del quinquenio de Indurain, tenía un valor enorme: evitaba que la estructura quedara archivada como gloria pasada. https://movistarteam.com/historia/ano/1999-banesto

Zülle encaja muy bien en esta historia porque simboliza otro de los mecanismos de la transición: la mezcla entre cantera y experiencia importada. Mientras por abajo seguían creciendo corredores formados o madurados dentro de la órbita del equipo, la dirección supo incorporar piezas de jerarquía capaces de sostener resultados inmediatos. Esa combinación es difícil de manejar. Si abusas de la estrella veterana, bloqueas el relevo. Si te entregas por completo a la juventud, puedes vaciar el presente. Banesto encontró un equilibrio razonable.

Y luego estuvo el Angliru. La Vuelta estrenó la cima y José María Jiménez la convirtió en leyenda. Hay puertos que nacen con un nombre; otros nacen con un propietario sentimental. El Angliru fue de Chava desde la primera vez. No era solo una victoria de etapa. Era la consagración de un tipo de ciclista que ya no se parecía a la serenidad glaciar de Indurain, sino a otra cosa más humana, más nerviosa, más excesiva. El equipo que había reinado con el campeón perfecto aprendía ahora a convivir con el escalador imperfecto y deslumbrante.

Ese mismo año Unai Osa ganó el Tour del Porvenir. Ese dato suele parecer secundario frente al Tour y la Vuelta, pero en esta historia tiene peso específico. El Porvenir funcionaba como termómetro del mañana. Que un corredor de la estructura ganara allí significaba que la tubería seguía viva. El relevo no era un eslogan: estaba produciendo resultados.

2000: la consolidación silenciosa

A veces la historia se cuenta peor cuando no hay un gesto grandioso, y sin embargo 2000 es uno de los años más reveladores del periodo. Banesto sumó 27 victorias, ganó vueltas como Catalunya, Aragón, Castilla y León, Burgos, Algarve y Route du Sud, vio a Francisco Mancebo llevarse el maillot blanco de mejor joven del Tour, celebró la primera victoria de etapa de Chente García Acosta en la carrera francesa y añadió dos triunfos parciales de Alex Zülle en la Vuelta. https://movistarteam.com/historia/ano/2000-banesto

La importancia de 2000 está en que normaliza la supervivencia. El equipo ya no vive instalado en el trauma de la pérdida ni en la euforia del relevo inmediato. Simplemente compite bien. Y competir bien, varios años seguidos, es la prueba más robusta de que una estructura funciona. Mancebo aportaba un perfil muy valioso para el futuro: fondo, regularidad, capacidad de sufrir sin teatralidad. Chente confirmaba que en la casa seguían sabiendo fabricar victorias populares, esas que agrandan el alma de un equipo aunque no cambien una clasificación general. Piepoli y Chava mantenían el voltaje de la montaña. Menchov, todavía joven, empezaba a ocupar espacio en el horizonte.

Aquí conviene introducir otra definición útil. La transición iBanesto fue una transición hacia la constelación. No hubo un líder omnímodo, sino una suma de especialistas interconectados. Esa fórmula tiene ventajas deportivas muy concretas: diversifica objetivos, reduce la dependencia de la salud o el estado de forma de un solo corredor y permite estar presente en múltiples carreras a lo largo del calendario. También entraña riesgos: sin una figura indiscutible, las jerarquías internas pueden volverse más blandas y la percepción pública puede difuminarse. Banesto logró contener ese riesgo gracias al peso cultural de la estructura y a la continuidad de la dirección.

2001: iBanesto.com, la fiebre digital y un equipo que ya se había rehecho por dentro

En 2001 el patrocinio adoptó el nombre iBanesto.com, una marca inevitablemente ligada a la atmósfera de la época, cuando media Europa quería parecer nueva añadiendo un punto com a cualquier cosa. La tentación retrospectiva es leer el cambio como una revolución. En realidad, la revolución ya había sucedido antes, casi en silencio, en el modo de reconstruir la plantilla. El maillot se digitalizó después de que el equipo hubiera rehecho su identidad competitiva. https://movistarteam.com/historia/ano/2001-ibanesto-com

La temporada fue rica en historias. Chava Jiménez ganó tres etapas de la Vuelta y se confirmó como ídolo popular. El equipo sumó cinco victorias parciales en la ronda española y se llevó la clasificación por equipos. Pablo Lastras conquistó en Gorizia su primera etapa en una gran vuelta, abriendo esa particular trilogía personal de triunfos en Giro, Tour y Vuelta. Unai Osa terminó en el podio final del Giro de Italia. Denis Menchov ganó el Tour del Porvenir. Juan Carlos Domínguez firmó un curso magnífico con triunfos en la Euskal Bizikleta, Asturias y Aragón. Todo eso dibuja una estructura de 23 victorias que ya no dependía de una sola narrativa. https://movistarteam.com/historia/ano/2001-ibanesto-com

Lastras merece un párrafo aparte porque encarna la ética más profunda de esta casa en aquellos años. No era el jefe absoluto del pelotón, ni el gran favorito institucional, ni el campeón fabricado para dominar una década. Era otra cosa más cercana al oficio noble: fuga, intuición, resistencia, colmillo. Su victoria en el Giro cuenta mucho del iBanesto.com naciente. El equipo podía reinventarse no solo a través de grandes generales, sino también a través de corredores capaces de convertir un día suelto en memoria colectiva.

Menchov, por su parte, introduce la dimensión del futuro largo. Que el ruso ganara el Tour del Porvenir bajo la bandera del iBanesto.com significaba que la estructura no se había limitado a sobrevivir; seguía anticipando. Y eso enlaza con la historia posterior de Abarca Sports: la continuidad de la organización siempre dependió menos del patrocinio de turno que de su capacidad para detectar, cocinar y relanzar talento.

2002: el resultado final de la reconversión

En 2002 iBanesto.com alcanzó 26 victorias y dejó quizá la imagen más completa de lo que había logrado convertirse. Pablo Lastras ganó dos etapas en la Vuelta, Chente García Acosta añadió otra, Santi Blanco también logró una, y Aitor Osa firmó una campaña de gran espesor con la victoria en la Itzulia y la clasificación de la montaña en la Vuelta. Juan Miguel Mercado, Leonardo Piepoli, Francisco Mancebo, Iván Gutiérrez, Flecha, Rubén Plaza o Xabier Zandio componían un grupo que mezclaba madurez, especialización y promesa. https://movistarteam.com/historia/ano/2002-ibanesto-com

Ese año también es útil para entender qué no consiguió del todo la transición. El equipo había recuperado prestigio, volumen competitivo y continuidad; había ganado la Vuelta, vuelto al podio del Tour, vencido mucho en el calendario español y europeo y producido corredores de relieve. Pero no había encontrado a un nuevo dominador absoluto de tres semanas en julio. Ese vacío no invalida la reconversión; simplemente define su límite. Banesto y luego iBanesto.com ya no podían aspirar a ser exactamente lo que fueron con Indurain. Tuvieron que convertirse en otra cosa.

Pros, contras y riesgos de la etapa iBanesto

La principal virtud del proceso fue la resiliencia. Muy pocos equipos sobreviven a la retirada de un mito sin deslizarse hacia la irrelevancia o la caricatura de sí mismos. La estructura de Abarca lo evitó gracias a tres mecanismos: cantera, continuidad directiva y diversificación de líderes. El primer mecanismo aportó materia prima. El segundo dio sentido y método. El tercero impidió que la identidad se rompiera cada vez que un corredor entraba o salía del primer plano.

La segunda gran virtud fue la riqueza narrativa y deportiva. Donde antes había un soberano indiscutible, ahora había una troupe de personajes fuertes: Olano, el orden de la general; Chava, la emoción del puerto; Zülle, la jerarquía internacional; Mancebo, la resistencia; Lastras, la fuga con alma; Unai y Aitor Osa, la clase de media montaña y grandes vueltas; Menchov, la promesa del siguiente ciclo. Esa pluralidad hizo al equipo menos predecible y, para mucha gente, más humano.

El principal contra fue la pérdida de una centralidad inequívoca en el Tour. Durante los años de Indurain, Banesto organizaba el calendario y la conversación. En esta etapa, aunque volvió al podio con Zülle y encontró actuaciones valiosas con Mancebo o Chente, ya no dictó el relato de julio con la misma autoridad. También hubo un riesgo permanente de dispersión: cuando un equipo gana en muchos sitios pero no gobierna el gran escaparate, parte del mérito puede evaporarse en la memoria pública.

Otro riesgo era emocional. La comparación con Indurain estaba siempre a la vuelta de la esquina y podía empequeñecer logros muy serios. Ganar la Vuelta con Olano, sumar 37 victorias en 1998, regresar al podio del Tour en 1999 o ver a Menchov triunfar en el Porvenir eran hechos enormes. Pero al convivir con el recuerdo del quinquenio de Francia, a veces parecían insuficientes. Ese es el peaje de todos los equipos históricos: los éxitos posteriores suelen ser juzgados con una regla fabricada por un pasado irrepetible.

La transición dentro de la saga Abarca Sports

Si se coloca el foco más allá de 1997-2002, se entiende mejor por qué esta etapa fue decisiva para todo lo que vino después. Reynolds había enseñado a la estructura a nacer, a crecer y a resistir dentro del ciclismo profesional. Banesto la convirtió en una potencia central. iBanesto.com le obligó a demostrar que podía seguir viva sin el campeón total que había definido la década. Caisse d’Epargne heredaría ya una organización curada de ese trauma, capaz de convivir con otros liderazgos y otros calendarios. Movistar, más tarde, recibiría una estructura no dependiente de una sola biografía. https://movistarteam.com/historia/temporada-a-temporada

Por eso la transición iBanesto importa tanto en la historia larga del actual Movistar Team. No es un simple paréntesis entre edades de oro. Es el puente que evitó la caída al vacío. Sin esos años de readaptación, sin la Vuelta de Olano, sin el Angliru de Chava, sin el Tour de Zülle, sin la aparición de Mancebo, Lastras, Menchov o los Osa, la estructura probablemente no habría llegado al siglo XXI con la elasticidad necesaria para seguir siendo relevante.

Conclusión: de biografía imperial a novela coral

El gran hallazgo de aquella transición fue renunciar a la pregunta equivocada. El problema nunca debió formularse como “quién será el nuevo Indurain”. Esa clase de preguntas destruyen equipos porque los condenan a perseguir fantasmas. Banesto y luego iBanesto.com acertaron cuando dejaron de buscar un sustituto literal y empezaron a construir una pluralidad de respuestas. Olano respondió ganando la Vuelta. Chava respondió incendiando montañas y conquistando el cariño de la gente. Zülle respondió devolviendo al equipo al podio del Tour. Mancebo respondió ofreciendo continuidad en las generales. Lastras respondió con etapas memorables. Menchov respondió insinuando el siguiente futuro. https://movistarteam.com/historia/ano/1998-banesto https://movistarteam.com/historia/ano/1999-banesto https://movistarteam.com/historia/ano/2000-banesto https://movistarteam.com/historia/ano/2001-ibanesto-com

La transición iBanesto fue, en el fondo, una historia de madurez. La estructura más poderosa del ciclismo español de los noventa descubrió que podía seguir siendo importante sin parecerse a sí misma. Pasó de ser una biografía imperial a convertirse en una novela coral. Y quizá ahí reside su interés más duradero: no en el eco de lo perdido, sino en la inteligencia con la que consiguió seguir adelante.